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Esteban en el Diario Ideal

Lunes, 26 de Mayo 2014

Futbolista de la UDA y ciudadano de Almería 

Esteban se va con grandes recuerdos; «a mí el Almería me hizo crecer como futbolista, a pesar de la edad con la que vine»

Esteban tiene ya otro lugar donde vivir. El rojiblanco se ha ganado el corazón de los almerienses, pero parece una sensación recíproca porque Almería que un día le abrió las puertas se las deja abiertas y con tantos recuerdos buenos que no sabe extraer ninguno contrario por más que 'escudriña' para buscarlo. Tal vez el descenso, pero no hubo trauma. «Este club, si algo tiene, es la tranquilidad», destacó el hasta el domingo pasado cancerbero de la UDA, que se marchará con un pasado en el que hay cuatro temporadas en Primera y dos en Segunda, con 140 partidos de Liga, pero sobre todo se va con un baúl repleto solo de buenos recuerdos, muchos deportivos, pero la mayoría a pie de calle. Para él, Almería es «una ciudad que su gente me permitió vivir en la calle y que nosotros, mi familia, Nuria y los niños, son felices. Soy futbolista del Almería, pero soy ciudadano de esta ciudad y muy querido por esta gente», dijo.

 

De hecho, dejó claro que «en seis años, que para muchos es poco tiempo, para mí sí es y vine sin conocer a nadie, sin que nadie me conociera a mí aquí, y me marcho con una despedida de 1.500 personas».

 

Un adiós meditado

 

El adiós del pasado domingo supone una marcha que para él no es difícil de asumir. «Lo bueno de esta marcha es que no es de repente. Es una marcha que yo tengo decidida desde hace tiempo y asumida, y mi familia también. De Almería no soy capaz de sacar nada malo. Al final, si vas al tema deportivo, cuando empecé, que no jugaba, pero valoras más lo que consigues», destacó.

 

Es hora, tal vez, de analizar esos seis años como rojiblanco, seis temporadas marcadas por su paciencia. «De todas maneras, del primer año que casi nadie se acuerda yo jugué los siete partidos más importantes del club, que fueron en los que el club consiguió la permanencia. Luego, es verdad, deciden que vuelva a jugar Diego Alves porque querían venderlo, pero sí que es verdad que me siento partícipe de esa permanencia porque jugué siete partidos, ganamos cinco y después de tres victorias consecutivas es el club el que decide que tengo que dejar de jugar. Me dolió».

 

De todas formas, saca aspectos positivos que sirvieron para el grupo. Porque su nivel de entrenamiento influyó en el crecimiento de sus compañeros. «Eso me lo dijo un día Caparrós, que nos valoraba no por la calidad con la que jugase, sino porque siempre el compañero que estaba conmigo estaba alerta. Entre porteros es una lucha por un puesto».

 

Se entiende que no haya demasiados lazos de amistad. «Siempre digo que entre porteros es muy difícil ser amigos, prácticamente imposible. No puedes ir al cine y hablar de fútbol porque tú o el otro está jugando, no puedes hablar, decir que el entrenador es bueno o malo porque uno u otro sale beneficiado. Sí puedes ayudarle inconscientemente, entrenando bien, a que el que juega no baje lo brazos o si juegas tú a que tu rendimiento sea bueno», relató.

 

No hay malos recuerdos

 

A la hora de hablar y repasar lo sucedido, el que ha sido cancerbero de la UDA no es capaz de encontrar cosas malas. «No recuerdo nada malo porque sí un descenso, pero yo siempre lo dije que se vivió con mucha naturalidad. Este club, si algo tiene, es la tranquilidad. Descendimos, éramos candidatos a hacerlo, se hizo un proyecto para ascender al año siguiente y no pudo ser, pero dos años después lo conseguimos, pero no hubo traumas, no hubo impagos ni denuncias. Todo bastante normal», aseguró.

 

Por ello tiene claro que se queda «con casi todo positivo, porque este club me dio algo que nunca había conseguido como un ascenso, creo que revitalizó mi carrera, a pesar de venir con 32 o 33 años. Cuando venía del Celta mi valor era X y me voy de Almería con X multiplicado por mucho, por lo menos a nivel de reconocimiento fuera de aquí y a nivel mío propio de haber jugado 130 partidos seguidos y haber jugado 38 partidos en Primera, ahora. Creo que a mí el Almería me hizo crecer como futbolista a pesar de la edad con la que vine».

 

Es ese largo tiempo, tiene como visión más destacada el hecho de «llegar a una ciudad que no conocía de nada. Pasé del primer día, sinceramente, que no tuve una buena perspectiva de ella a ser en el sitio en el que más tiempo jugué y donde fue un club primero muy familiar, respetó mi contrato cada mes, cada día. Me dio unas instalaciones para entrenar ejemplares, unos trabajadores en el club, aparte de buenos profesionales, cercanos y cariñosos».

 

Y a partir de ahí, desgranó su pasado. De todo, se queda con la parada a Guillermo. «Se va a quedar esa en el recuerdo porque es la última parada. Un poco por el día que era, que era mi despedida, un poco porque empatamos a cero, no encajas gol y otra que recordaré, por las circunstancias y por cómo se dio, es el penalti de Girona. Son un poco las que con el paso de los años diré que me acuerdo de ellas. Tengo muchas en la memoria, pero con los años se me olvidarán y se me quedarán esas dos», destacó.

 

Luego, de la trayectoria del equipo, se alegra de que todo saliera bien, aunque de inicio lo veía muy complicado. «En agosto, cuando iba a empezar y una vez que empezó más todavía porque estábamos cometiendo errores y la fortuna no la teníamos de nuestro lado. Si haciendo las cosas más o menos bien perdíamos, el día que no nos saliese bien... En casas de apuestas y medios nacionales nos daban como descendido. A eso añades diez jornadas sin ganar»...

 

El partido clave

 

Pero Valencia supuso un antes y un después. «Fuimos sentenciados por la gente e incluso por nosotros. Esa victoria fue un punto de inflexión. No es lo mismo ganar en Valencia que hacerlo en otro campo de menos nombre, con respeto. En Valencia donde nos creímos que si ganamos allí, a otros rivales podríamos hacerle frente. Esa victoria nos hizo creer, pero sí que la plantilla era limitada como anunció el presidente con una inversión de 30.000 euros».

 

La derrota dejaba negros nubarrones. «Si hubiésemos perdido ahí, posiblemente hubiera llegado un cambio de técnico, seguramente si no ganásemos el otro no sabíamos que pasaría, el ánimo de la afición estaba asumiendo un descenso. No lo sé», manifestó el rojiblanco.

 

Lo cierto es que sentenció que «hay momentos en la vida que son un cambio de dinámicas y el de Valencia lo fue y nos dimos cuenta en el mismo campo, con la celebración. Éramos últimos, seguíamos siendo últimos, pero nos dimos cuenta que podríamos intentar el milagro de la permanencia. A partir de ahí, conseguimos una serie de resultados. Otro partido, para mí, fundamental y más definitivo fue el del Espanyol. Al descanso estábamos en Segunda».

 

Tampoco le quita importancia al del Betis, aunque más que al partido «al gol de Azeez. Hay dos jugadas en ese partido, que es penalti que hace Rafita en el 92 que no nos pitan y un centro que lo intentas y que lo remate un compañero en el área y meta gol. Ese y el del Espanyol, sobre todo el del Espanyol porque o gano o por los resultados era prácticamente imposible».

 

Para concluir, Esteban tenía claro que la certificación de la permanencia fue ante el Athletic, pero la permanencia en sí se logró en Granada. «Le dimos vuelta a las estadísticas y conseguimos depender de nosotros, de que muchos resultados nos valían, aunque es cierto que sabíamos que íbamos a tener que sumar porque era probable que los resultados que se pudieran dar en contra se diesen. En Granada dimos ese golpe de autoridad, de seriedad, de estamos aquí y no se nos puede escapar y queremos dejarlo para rematar el día del Athletic sin depender de nadie. Algo impensable en julio o agosto», argumentó.

 

Y ante el Athletic hubo una demostración hasta entonces inexistente. «Fuimos un equipo maduro. Aprendimos y maduramos a través de la competición. Nos plantaron ahí 21 compañeros a competir donde íbamos aprendiendo según competíamos», concluyó.

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